Di yo soy tu - Rumi-

miércoles, 17 de octubre de 2012

Samadhi



El viento paró. Las aves callaron respetuosas. El cielo entero pareció detenerse a escuchar mientras dentro del alma del santo ermitaño una voz silenciosa parecía elevarlo a otros mundos: Sólo cuando el Alma habla las palabras viven. Sólo cuando el corazón es libre puede el amor ser expresado. Sólo cuando el oído escucha, el verbo actúa. Sólo si los ojos son puestos en la luz pueden los pasos ser dirigidos correctamente. Sólo si el pensamiento calla, el Maestro habla. Sólo en la ausencia de deseos puede la paz florecer. Sólo cuando los ídolos caen puede ser encendida la antorcha de la libertad. Sólo trascendiendo la pequeñez del ser se llega al santuario interior. Sólo en la ausencia de la personalidad, Dios revela su plan. Sólo disolviendo la ilusión del tiempo y el espacio se comprende al espíritu...


... Las horas pasaron y el sol brilló nuevamente en el horizonte. Y el santo anciano se sumergió en el Samadhi para despertar en los reinos de Dios.

La Conversión Y vio un destello repentino que alumbró la noche oscura que lo envolvía y sus ojos no volvieron a mirar como antes. Vio el dolor de los enfermos y supo que necesitaban amor. Que muchas de sus enfermedades eran producto de la falta de amor. Vio al rostro de los delincuentes y supo que en sus actos estaban pidiendo amor porque buscaban protestar por la soledad y la incomprensión que sentían. Vio la angustia de los hambrientos y percibió la falta de amor. Vio la cara de los malvados y crueles y comprendió la soledad y el temor que rodeaban sus corazones y entendió su imperiosa necesidad de amor. Vio los ríos contaminados, las tierras resecas, los valles desiertos y supo que el mundo necesitaba amor.


Y entonces pensó: "HOY CANTARÉ AL AMOR, Y MI VIDA SERÁ UN ETERNO ARPEGIO DE AMOR".

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