Di yo soy tu - Rumi-

martes, 20 de noviembre de 2012

INVITACION A LA VIDA



En el universo todo está interconectado. ..."no puedes arrancar una flor sin molestar a una estrella" Francis Thompson

INVITACIÓN A LA VIDA

"Haz un alto, cualquier cosa que estés haciendo, déjala por un instante.

Esta es una llamada a la vida plena, para que podamos reencontrarnos
con esa esencia que nos une...

Un único y sagrado deber tienes, y es la suprema reverencia. Entonces me verás vestido de árbol, montaña o amanecer y Mi Voz será audible a tu corazón.

Hay una sola manera de vivenciar la reverencia y es la felicidad interminable, por eso te he diseñado para que ella sea tu
condición natural.

Ahora sólo falta, en ejercicio de tu libertad, de esa cotidiana recreación
a la que estás invitado, disfrutar el sagrado regalo que te ofrezco en
forma de vida; es una preciosa oportunidad para crecer, pues en ese
acrecentamiento transparente, volverás un día a unirte a mí...

La mejor manera de retornar a la fuente es muy simple: sólo se trata de
jugar. Jugar sin pretender ganar ni temer la derrota, es como avanzamos
por el sendero sagrado. La caminata se convertirá en danza. Cuando tu
instante se llene de música y tu peregrinación sea una danza... el camino
de la luz habrás encontrado y otra vez seremos uno.

Nos enviaron al mundo a jugar, y ¡fíjate cómo estamos!. ¡Cuánto tiempo
deambulando sobre la Tierra, y aún cómo estamos!

¡Si sólo vinimos a jugar, si sólo estábamos jugando, si sólo se trataba de
jugar...!

¿Y si volviéramos a jugar?

¿Y si volviéramos a abrazar los árboles y descalzos caminar con reverencia?

¿Y si retornáramos a la ternura y así la inocencia fuera nuestro contexto?

¿Y si volviéramos a hablar con los árboles, con lo animales y a danzar con
las estrellas?

¿Y si realizando un esfuerzo evocativo volviéramos a oír la voz de Dios?

¿Y si no nos aguantáramos nuestras ganas de reír, de llorar, de cantar y
danzar, de celebrar y disfrutar, de vivir intensamente?

¿Si le susurráramos a la vida: “- te amo y prometo serte fiel -”?!

¿Y si volviéramos a jugar, sin olvidar que lo único serio es el humor?


Hermano, presiento en tu mirada esas incontenibles ganas de apuntarte
otra vez a la vida plena. Que queden atrás problemas y preocupaciones,
convertidos en sagrados desafíos o valiosas enseñanzas.

Que queden atrás los temores y el autoengaño, la opinión de los demás y
la irreverencia; para dar paso al humor, para encarnar el amor, para apren-
der ininterrumpidamente y reencontrarnos, como flores del mismo jardín,
como árboles del mismo bosque, ¡como niños del Universo volando de retorno
a casa!"

Chamalu

viernes, 16 de noviembre de 2012

EL SERMON SILENCIOSO


El sermón silencioso

De la nada,
Del silencio más puro
Brota un mundo.
Y el mundo
No está separado del silencio,
Y el silencio
No está separado del mundo.
¿Quién sabe esto?
Decir “No hay yo”,
Decir “Hay yo”,
Decir “El yo es ilusorio”
O decir cualquier cosa
(e incluso decir esto)
Es decir ya demasiado.
Todo lo que podamos decir
No es,
Pero no decir nada
Tampoco es
Ni tampoco sirve
Decir que es inefable7
Más allá de la palabras
Más allá de las enseñanzas de los hombres,
Más allá de las experiencias que pueda tener una persona,
Mas allá de los recuerdos pasados
Y más allá de todas la ideas futuras,
¿Qué es real?
Esto, esto es real.
Este momento.
No la idea de esto,
Ni el pensamiento de esto,
Sino esto
(y aquí es donde fracasan todas las palabras),
Esta apariencia presente:
El tintineo de las llaves,
El zumbido del ventilador portátil,
La respiración,
La bocina de un coche
Y el crujido del piso de madera
No hay nada que entender.
Así de simple.
Recuerda el sermón silencioso del Buda que, sin decir nada, mantuvo entre sus
dedos una flor ante su audiencia. Sólo Kasyapa sonrió, mientras que el resto
permaneció desconcertado.
Kaysapa fue el único que “entendió”, porque sabía que no había nada que entender.
Sólo había una flor. Cuando buscas algo diferente a la flor, realmente no ves la flor.
Kasyapa vio la flor y le gustó.
Así de sencillo. Así de evidente.

Jeff Foster

lunes, 12 de noviembre de 2012

LA TERNURA


LA TERNURA

No es ternura el fuego de una pasión, sino la suavidad de una caricia.

No es ternura el oleaje que se desborda, sino el beso del cielo con el mar.

No es ternura la montaña que nos sobrecoge, sino la macetica de violetas perfumadas en la ventana.

No es ternura lo grandioso, sino la delicadeza, la insignificancia, el detalle.

No es ternura lo que se da, sino lo que se refleja y se deja traslucir.

No es ternura el sol que calcina, sino la luna que embruja.

No es ternura el fuego que abraza, sino el leño que se consume.

No es ternura lo que sobresale y resalta... sino el escondite... el beso... la insinuación... la luz y la rosa.

La ternura parece por momentos olvidada y tendríamos que revivirla pues es lo que logra que nuestros días, nuestra vida pasen de ser un mero transitar a ser inolvidables...

La ternura está en aquello que parece pequeño pero que se hace grande en el corazón.

El beso sincero, el apretón cálido de manos, el abrazo inesperado, una mirada llena de cariño que nos dice... ¡estoy aquí, puedes contar conmigo, pocas palabras en un papel que dicen todo...

En los niños vemos la ternura todos los días... Nos cautivan con sus expresiones sinceras, con la caricia que llega a nosotros sin tener que hacer ningún reclamo.

En el beso, en el abrazo cortito que no puede envolvernos pero que nos hace sentir ese corazoncito muy cerca de nosotros...

Hemos crecido, somos adultos dejamos muchas cosas olvidadas o de tanto golpearnos quedaron en nuestro interior adormecidas, paralizadas, congeladas...

Intentemos revivirlas...

La ternura no está en lo grande, ni en lo brillante, ni en lo que se destaca, está en lo chiquito, en lo sencillo, en esas pequeñas cosas de todos los días...

La ternura es eso que... vitaliza al viejo... duerme al niño... ¡y desarma al hombre!

Zenalda Bacardi de Argamasilla
del libro: Ramillete de estrellas

sábado, 3 de noviembre de 2012

El río de la vida


El río nacía en los picos de una formidable montaña y saltaba, embravecido, soltando brillantes gotitas que relucían al sol. Nada detenía su paso. Cuando un obstáculo se interponía en su camino lo saltaba, lo atravesaba o lo bordeaba. Era valiente, osad, generoso y flexible.

Un día llegó a las cálidas arenas de un desierto y se lanzó a atravesarlo. Pero pronto se dio cuenta de que sus aguas desaparecían en la arena, y se asustó. Aunque fue considerando las más diversas alternativas, no encontraba ninguna solución. Inmerso en sus dudas, oyó una voz que le decía:

- El viento cruza el desierto y también lo puede hacer el río.

- El viento puede volar y yo no - respondió.
- Si te lanzas con violencia, como has hecho hasta ahora, no conseguirás cruzar el desierto- dijo la voz - . Debes dejar que el viento te lleve a tu destino.

- Pero ¿cómo me vas a llevar?

- Debes consentir ser absorbido por el viento - afirmó la misteriosa voz.

Esta idea no era aceptable para el río. No quería perder su identidad y era demasiado arriesgado ponerse en manos de un viento desconocido.

- ¿Y si, cuando haya perdido mi forma, no puedo recuperarla de nuevo? - se angustió.

- El viento cumple su función - respondió la voz - . Eleva el agua, la transporta a su destino y la deja caer en forma de lluvia. Entonces, el agua vuelve a ser río.

- Pero, ¿ no podría seguir siendo siempre el mismo que soy ahora? .

-En ningún caso puedes permanecer igual. Tu esencia debe ser transportada para formar un nuevo río.

El rio desconfiaba de la voz : podía perderlo todo si le hacía caso. Pero una vocecita interior le decía que fuera valiente y asumiera el riesgo. Entonces, en un formidable acto de confianza, elevó sus vapores en los acogedores brazos del viento, que los trasladó hasta la cima de una montaña lejana, donde los dejó caer. A medida que las gotas de agua caían y se volvían a reunir formando un riachuelo, algo parecido a la felicidad embargó al río. Y, de repente, lo comprendió todo:

- Mi esencia es el agua, sea en el estado que sea. Al transformarme, he podido continuar siendo yo mismo. De no haberlo hecho me hubiera perdido.


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